todomal la muerte de un estudiante músico metalúrgico…

todomal

la muerte de un estudiante / músico / metalúrgico / ser humano, por parte de un patotero / patotero se suma a una montaña de cadáveres, la historia se repite temiblemente.
cuando ayer vi la foto en el diario, les escribí a mis compañeros de trabajo:

“Mataron a un pibe muy parecido a mi novio.
“Con Guadalupe caminábamos por la calle y ella pareció enterarse por el aire. me lo dijo: ‘parece que mataron a un pibe, fue como lo de Darío y Maxi‘.

.
Nos extrañábamos de que la ciudad siguiera su curso como si nada.
Cuando entramos en Mmm*, mágicamente nos olvidamos del asunto. Y no estoy hablando de buena magia. Mmm parecía un lugar fuera del mundo, lleno de belleza de producción módicamente seriada, ahí nos sentíamos buenas, ningún pibe nace para chorro.
Mierda.

no pasaba nada. es que hay complicidad porque el pibe era de una organización de “demasiada” izquierda? es que está bien, si la policía no lo hacía alguien tenía que hacerlo? ahora vamos a ir a la marcha, seguro los de Mmm vienen, porque carecen de maldad, y todo fue un mal sueño, al menos no estamos solos, nos solidarizamos. tal vez.

  • Mmm: un CCP (centro cultural progre)

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no quiero enterarme en detalle de cómo fue. la piel de mis manos está gris, verdosa. me agarra una alergia a la información, a leer bien cómo fue la historia (ayer leí lo que decía el diario alfa, pero me falta leer verdades, porque presupongo que lo que ese diario dice son mentiras).

sólo puedo acordarme de este poema de Lorca:


LA SANGRE DERRAMADA

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras

¡Que no quiero verla¡
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un rio de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.

¡¡Yo no quiero verla!!

seguiré sin poder conocer bien la historia, los detalles, ya lo he visto todo, y no quiero verla. anoche subimos a la terraza y miramos la luna un rato largo. hoy vamos a ir a la marcha, con los ojos cerrados.

Pero no pude evitar leer el diario con intención de ilustrar este blog. Veo que, a la nota que leí ayer, ya la modificaron, cambiándole la foto inexplicablemente. Y que aprovechan cualquier bandera para decir lo que ellos quieren decir:
“Las marchas de repudio a la ‘patota sindical’ y los Kirchner habían comenzado ayer, ni bien se supo de la muerte de Mariano Ferreyra y de las heridas de bala que habían sufrido otros de sus compañeros. Los partidos de izquierda se concentraron en Callao y Corrientes. Fue una movilización atípica porque en lugar de enojo, de la bronca política, se notaba la tristeza por la muerte.” Parece que la tragedia ennoblece las miradas de los que, de lo contrario, se llaman piqueteros, y que junta, por un momento, los extremos de derecha e izquierda, fugazmente aunados en su ser tan Nobles.

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