Ufemias

Veía sus carteles bellos en la facultad. Una vez me llevé uno, que todavía tengo guardado, de una fecha ya pasada. Los dibujos que, ahora sé, ella misma hace en tiernos trazos blancos sobre negro. Cosa Mostra, decían, y en el dibujo esos temas infantiles que tanto me fascinan. En la lista de integrantes de la banda, todxs con nombre y apellido, estaba también Leonor Silvestri. Y no digo más.

No sé qué ocurrió antes: si Lola me habló de un concierto de Las Taradas al que había ido, o si leí de la admiración de Pola Oloixairac, “tan profunda que pervertimos en amistad”. De Pola tampoco puedo decir más ahora. Lola estaba muy seria cuando dijo: “ellas tocan muy bien. Lo que hacen es raro (como lo tuyo, estaba implícito) pero tocan bien, muy bien”, y me sumió en una búsqueda de virtuosismo que es completamente natural en mí, y que el ansia por crear y mostrar había adormecido.

Me resistía porque sabía lo que iba a pasar: cuando la música de Paula Maffía me tocara de veras, yo iba a caer fulminada a sus pies calzados de chatitas, y nada que hacer. Por eso rehuía los videos que pueblan el blog de Pola, los posts en facebook, y demás artilugios que tiene la web para hacernos conocer lo que gustan los amigos y personas admiradas. Incluso alguna vez di play a uno de sus videos, pero rápidamente huí a otra pestaña del navegador y cerré los párpados de mis orejas. Porque las orejas tienen párpados leves, que en verdad son la atención.

Pero mi última noche de insomnio me deparaba una trampa. Un post de hace tres años, cuando Pola tal vez aún no había devenido Oloxairac, y contaba de una noche en uno de esos sótanos porteños sobre el nivel del mar. También conoció ahí a la gran Miss Bolivia, pronto hablaré de ella en el capítulo raperxs. Los seudónimos se estrenaban, se daban a conocer. Pola bajó escaleras como Perséfone en invierno, escuchó la voz de Paula y sentenció: el rock no ha muerto.

Tuve que ver un video que sin duda no es de esa noche, está elaborado para que estalle el espacio de 15×7 cm que youtube habilita a la expresión.

La canción no es pegadiza, aún no entró su melodía en mi memoria, pero sí el ritmo, la danza frenética de Paula y su cara ovalada donde se refugia la paz.

Después vi uno de las Taradas, otro tema que ya había oído y me había resistido a escuchar. Porque soy tan apasionada con mis afectos, que a veces un inoportuno instinto de conservación estética me hace escapar de las cosas que amaré hasta la obsesión. Ahí en el contrabajo, sonríe la fabulosa Lu Martínez, que en dos días me va a acompañar en guitarra en la muestra de nuestra clase de magia. No puedo creer mi suerte.

Hoy me desperté con una hipótesis etimológica: “Ufemia” tiene la misma construcción que “utopía”. Si la utopía es el lugar, el topos soñado, que está en el horizonte y “sirve para caminar”, Ufemia es esa mujer admirada, a lo lejos perfecta, que nos hace crecer en el esfuerzo de alcanzarla. Nunca seré como ella, tengo mi propio destino que sólo por un azar muy incierto (o por mi voluntad terca) podría llegar a cruzarse, a coincidir en más de dos puntos. Se me dirá que entonces “femia” vendría del latín, mientras que el prefijo u- es griego, lo que vuelve poco creíble mi hipótesis. Y yo digo: sí, claro. Me despierto ajena a pretensiones filológicas.
Tengo varias Ufemias, a alguna incluso la he tenido de compañera en la materia “didáctica” de la facultad. Se conocen: Paula Maffía comenta el blog de Pola Oloxairac. Cuando fuimos a ver a Miss Bolivia, ella se me quedó mirando, seria. “Te conozco de algún lado” sospechó. Yo me incomodé. Cuando le comenté que había vivido en La Boca, “debe ser de la noche”, sentenció ella.
Mi noche en La Boca tenía, entre otras muchas maravillas, una pastora con un rebaño de perros que, para no alterar aún más el clima ya extraño del barrio, salía a pasearlos después de las 12. En verano a veces dormía en el techo de la casa, al lado de dos cúpulas como tetas de cemento. Pero no recuerdo ninguna Miss Bolivia, claro que ese no es su nombre real. Y claro que existe un lugar donde tus Ufemias te escuchan y aconsejan, te muestran trozos del camino a seguir. Tal vez es de ahí que Paz me recordaba.

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